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¿Por qué las conversaciones triviales me resultan insoportables?


Odio las conversaciones triviales con desconocidos. Las odio. Son mi definición del infierno. Y cuando digo que las odio, lo que quiero decir es que se me dan fatal.


Cuando conozco a alguien, hablo con un vendedor o coincido con una vecina aparece mi instinto de huida. Lo curioso es que no tengo ninguna aversión a hablar con gente. De hecho, me encanta hablar con gente. Cualquiera que se haya sentado a mi lado en una cena o coincidido conmigo en una fiesta puede dar fe de ello. Tampoco tengo ningún tipo de fobia social. Me siento cómoda en cualquier grupo o hablando ante una multitud, dos situaciones que aterrorizan a mucha gente. El problema no son las personas o las situaciones sociales, sino específicamente las conversaciones intrascendentes. Quizá sea porque me gusta ir al grano o porque soy navarra, que es prácticamente lo mismo, pero nunca se me ha dado bien la verborrea, ni oral ni escrita.


Sin embargo, todas conocemos a alguien que domina a la perfección este arte, que es capaz de dar conversación, que se mueve cómodamente en la anécdota y que puede estirar cualquier nimiedad hasta el infinito. Alguien, que podría protagonizar la conversación que he escuchado esta mañana en una cafetería y que me sirve de ejemplo.


Persona 1: ¿estás en la cola?

Persona 2: sí, soy la última

Persona 1:  gracias. Uf, la lluvia

Persona 2: sí, está lloviendo mucho y va a seguir haciéndolo

Persona 1: he escuchado que deja de llover hoy, pero vuelve mañana

Persona 2: ayer estaba paseando a mi perro y granizaba

Persona 1: qué gracia, yo tengo un gato

Persona 2: ¿ah, si? Qué suerte, al menos no tienes que pasearlo en días de lluvia

Persona 1: sí, salvo que está mayor y no usa el arenero

Persona 2: vaya… bueno, siempre hay algo por lo que quejarse, jeje


No estoy segura de si este tipo de conversaciones son una manera de generar conexión con otras personas o de llenar el silencio, para el que muchas personas, en lugar de tranquilizador, resulta alarmante. Para mí el silencio es un lujo, me hace sentir cómoda. Cuando conozco a alguien, intento asegurarme de que nada de lo que digo pueda resultar polémico o incómodo, aunque esos también son los temas que más me interesan.


Si eres el tipo de persona que es capaz de tener estas conversaciones con fluidez deberías agradecerlo. Y si alguna vez te encuentras conmigo en la calle, simplemente pregúntame sobre el sentido de la vida, el cambio climático, la igualdad… cualquier cosa menos deportes o el tiempo. Si lo haces, nos llevaremos bien.


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